Los huevos de codorniz me aterrorizan. Su olor, textura, sabor. Son obra de Belcebú, pero la mayor parte de culpa la tienes tú. Y todas esas mañanas postcoitales felices, donde me preparabas tu famoso (conocido públicamente por todos los hombres con autoestima) desayuno continental. Acompañado siempre de zumo de naranja, café recién hecho, panceta, pan con mantequilla y los dichosos huevos de codorniz. Los odio tanto, los he padecido, vomitado, degustado. Hasta he tenido pesadillas en que me devoraban y hacían astillas de mis huesos. Supongo que mi aversión se reduce a algo muy simple; Los huevos son tú. Tu esencia, tu tersa piel, tu larga cabellera, tus ojos negros, tus fantásticos senos, tus recónditos parajes. En definitiva, conforman todo tu ser.
Soy un pobre desgraciado, lo he perdido todo. He estado inmerso en los infiernos de la depresión, celos restropectivos, asco, rencor, indecisión…
Maldigo el día en que te conocí. eras tan bella y tan especial. No me arrepiento de que hayas arruinado mi vida. Tan sólo que por culpa de tus asquerosos huevos, ahora soy vegano. U tan sólo divisar en los estantes del supermercado esos objetos ovalados, me dan arcadas, y tengo que desaparecer.
Te deseo lo mejor — o realmente no —.
Lo siento, he de abandonar esta disertación. Debo darle la vuelta a la tortilla…
Este texto lo he extraído de una revista underground bimensual llamada Infierno Suave. Escrito por un buen amigo.
Siempre me han gustado este tipo de publicaciones, donde la gente puede escribir lo que le de la gana.
Van por el nº 2 y con fuerza para seguir. Espero que dure mucho la publicación.
January 5th, 2010
por basterrak
Este tío es un enfermo… la persona a quien se dirige creó un mounstruo. Mola